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El año de los gastos médicos

11 agosto, 2020
Posted in Seguros
11 agosto, 2020 Wuest Seguros

El 2020 lo comenzamos con una noticia que parecía lejana y surrealista: en Wuhan, China, un nuevo virus comenzaba a enfermar a la población, que sólo podía guarecerse en casa, y al equipo médico tratar de modo experimental con medicamentos que posiblemente ayudarían, y hasta levantar nuevos hospitales en tiempo récord.

Pero hay otro detalle interesante en todo esto: Supimos (los gobiernos, los ciudadanos, las instituciones…) con bastante tiempo que algo sucedía y no hicimos gran cosa al respecto. Probablemente de haber cerrado las fronteras, evitar vuelos internacionales de salida y llegada (cosas que de todos modos se tuvieron que hacer cuando ya era tarde) y tomar algunas otras medidas, pudo encapsularse el virus y evitar -en parte- su propagación. Y al final, cuarentenas, compras masivas e histéricas de gel antibacterial (¡y de papel higiénico!), caos y pérdidas económicas y de vidas.

Aunque bien es cierto que no podría evitarse por completo, sí hablaríamos de una minimización considerable.

Centrémonos, pues, en estos dos aspectos: la prevención (o la falta de), y lo inevitable.

Así como podría parecer que los países hicieron poco o nada a pesar de tener pleno conocimiento de los acontecimientos, nosotros cometemos comúnmente el error de no tomar en serio las alertas, ya sea que éstas sean visibles o no. El seguro de Gastos Médicos es un buen ejemplo de esto. El mexicano promedio elige no comprar uno, pues considera que “a él no le pasará”, o que cuando suceda podrá resolverlo. ¿Por qué elegir pagar $250,000 de un tirón, con préstamos con intereses o quemando los ahorros de largo tiempo si pudimos elegir un seguro que lo hiciera por nosotros con una pequeña aportación cada tanto?

Nuestro segundo punto: la inevitabilidad.

Hay cosas que, por más que prevengamos, no podemos evitar. Ya sea por causas externas, o incluso propias, si algo debe suceder, sucederá. Y no hay que olvidar la famosa ley de Murphy, que dice más o menos lo siguiente: “Si algo puede salir mal, pasará mal”. Y, si hace falta convencernos aún más, la segunda ley de la termodinámica, la entropía, nos dice que las cosas tienden al desorden, al caos. Entonces, sin importar con cuánta precaución conduzcamos, que miremos a los dos (¡o cuatro!) lados antes de cruzar la calle, que subamos las escaleras con precaución o siempre salgamos bien abrigados y consumamos todas las vitaminas de a la A a la Z, algo puede suceder. Y sucederá. Entonces, si no lo podemos prevenir del todo y mucho menos evitar, ¿por qué no reducir el riesgo y minimizar el impacto y las pérdidas?